header image
 

Epifanía

Decían que ver al Papa -el bueno, no el de cara siniestra- en la Plaza de San Pedro, en plena oración del Ángelus transmitía una paz inigualable. Imaginemos, ahora, ver al mismísimo Dios sobre el escenario. No hay punto de comparación: las jerarquías son muy puñeteras. Hoy, Dios se ha dejado caer por Zaragoza y se ha manifestado.

No ha importado que Dylan esté mayor, que esté algo cascado: hoy no se ha notado nada. Escondido tras su piano-trinchera, y con su increíble voz rasgada por la vida, ha regalado al público casi hora y media de un concierto impoluto, inmaculado, perfecto, angelical.

Un concierto que ha arrancado con I’ll be your baby tonight,  ha brillado con toda fuerza celestial con When the deal goes down, ha abierto las puertas del paraíso con All along the watchover y ha terminado en toda una apoteosis con Like a Rolling Stone. Es verdad, Dylan reinventa sus canciones en el directo. A cuántos mañicos nos ha costado reconocer A hard rain’s a-gonna fall -la versión buena, no la de Amaral y el del gorro-, pero a Dios hay que perdonarle todo: él está por encima del bien y del mal.

Tampoco ha importado que un tipo llamado Pedro Javier Hermosilla haya hecho de telonero. Debería estar prohibido que un tipo con ese nombre pise el mismo escenario que Dylan: el nombre está bien para ser Secretario General del PP, chapista o director de un banco pero para ser cantante, me temo que no.  

Es muy complicado no resultar fanático al hablar de Dylan, pero ya se sabe: el fútbol y la religión, son temas que se prestan al fanatismo y, a mí, que España pase a semifinales, me la suda bastante.

Oficinas, culos y alargamientos de pene

Son las dos de la madrugada. Hoy es una de esas noches americanas y dan The Office por LaSexta.

The Office es una gran, gran serie: una serie imprescindible, me atrevería a decir.  Una de esas series de culto. Los cachondos de LaSexta han debido pensar que todos a los que nos gustan las buenas series somos unos viciosos, unos pervertidos, unos mandriles, en fin.

“Los vídeos más hardcore llegan a tu móvil”, “las mejores pilladas en tu móvil”. Y, sí: el gran, el inimitable, el grandioso anuncio de alargamiento de pene: “ahora voy, lo que se dice bien armado”, asegura un simpático tipo con barba.

Empieza The Office. No he mandado ningún SMS. Lo prometo.

Amantes de lo ajeno

Dicen que Zaragoza es una de las ciudades con menos delincuencia (ocupa el puesto 22 de toda España). La frialdad de las estadísticas se calienta cuando te afectan directamente.

Como les ocurre a muchos cada día me han robado: sí, eso pasa. Sería absurdo -y un tanto rancio- hablar de las causas de la delincuencia. No lo haré, gracias. 

Alguien pensó que la radio de mi pobre utilitario tenía algo de valor: y lo tenía. El amigo chorizo se llevó con él un disco del gran Quique González: Retrato, una mezcla que decidió hacer Universal (la multi con la que Quique trabajó antes de independizarse) con varios temas con un fin meramente comercial. Sin embargo, en este disco había joyas como Cuando éramos reyes, Pájaros mojados o una versión imberbe de La ciudad del viento.

Dicen que siempre hay que mirar el lado positivo, y lo haré: seguro que estos buscavidas ahora están disfrutando del gran Quique.

Besamos a traición, a aquella Marilyn
con aire trasnochado de Brigitte Bardot.
Nos fuimos a dormir, intacto el corazón
y no perdimos nada.

Caro Tom Waits

Buena noticia: Tom Waits se pasará por España este año. Mala noticia: Lo hará en tres conciertos a precios prohibitivos.

La gira Glitter and Doom Tour traerá al maestro Waits por nuestro país en tres conciertos (San Sebastián 12 de julio y Barcelona 14 y 15). La noticia es excepcional: el bueno de Tom no se había dejado caer aún por nuestro país. Sin embargo, las entradas a estas citas rondarán los 100 euros.

Buena música servida en bandeja de plata para la clase alta, prohibitiva para estudiantes, mileuristas y demás currantes. Como si de una ópera en el Real se tratase. Waits no es el único: ya Springsteen atracó 70 euros a sus fieles.

La música de los grandes del rock, no es para nada popular: nosotros, los ciudadanos de a pie, nos conformaremos con disfrutar de Waits en Youtube que, al menos de momento, es gratis.

Delicia folk

Aún quedan grupos que pueden sorprender, y de qué manera.

Moriarty es un grupo franco-americano que suena a buen folk con toques de blues y soul mezclado de una forma exquisita. La voz es sencillamente una maravilla, de verdad. Y no miento:

Este “temón” es Jimmy de su disco Gee whiz but this is a lonesome town (Naïve, 2007) con el que vendrán al Fib de este año.

El vídeo está grabado en Taratata de France4, un programa imprescindible de la tele francesa ejemplo de la buena música en directo.

Yo también odio a Disney

Llamémosle rechazo avergonzado y adolescente de tiempos infantiles, llamémosle convicción propia pero sí, mantengo una especial animadversión hacia las siniestras criaturas creadas por Walt Disney, el capitán Pescanova de los dibujos animados.

No es cuestión de empezar a hacer sesudas reflexiones freudianas de la factoría Disney, pero los productos de la factoría Disney no son todo lo blancos y puros como se cree. En la emotiva El Rey León, en una de las escenas, en el cielo estrellado se puede leer la palabra Sex -o eso dicen los más freaks-. 

No me extraña: ¿qué se puede esperar de una factoría creada por un tipo que quiso ser congelado (o no) cual barita de merluza rebozada? Walt Disney era un sádico, seguro.

Escribir hoy mismo sobre mi fobia a Disney no es casual: hoy mismo el gran Javier Pérez de Albéniz ha publicado en su blog una genial reflexión sobre Disney desde el ”Sodoma y Gomorra del capitalismo infantil”: “Escribo estas líneas desde el Café Mickey, un restaurante mugriento situado en Eurodisney, mientras me tomo una cerveza caliente y diminuta por la que he pagado lo que me costaría una pinta de Guinnes en el pub más exclusivo de Madrid. Después de deambular durante horas y horas por los vericuetos de atracciones vetustas y tiendas sacaperras que dan forma a este Guantánamo francés para padres de familia, he llegado a la conclusión de que odio Disney. Y a todo lo que salga o haya salido de su retorcida imaginación…”

más en: soitu.es

Campesinos de la dignidad

Perder la dignidad es muy fácil, recobrarla sin ayuda es una empresa bien complicada.

En los Vagabundos de la cosecha,  John Steinbeck recoge una serie de reportajes que realizó en la década de los años 30 en plena Gran Depresión y cuando los yanquis vivían una pertinaz sequía que fue bautizada con el nombre de Dust-Bowl

Por culpa de esa maldita sequía, muchos pequeños propietarios tuvieron que vender sus casas, coger sus coches y vagar por los Estados Unidos en busca de una vida mejor - ¿A alguien le suena la historia? - Estos desesperados agricultores llegaron a los campos de California para trabajar como jornaleros en condiciones que rayaban la inmundicia y para perder, así, su dignidad.

Steinbeck consigue contar la cruda realidad de un modo brutal. En las páginas del libro se llega a oler la mierda que muchas familias -cuyos hijos recién nacidos morían como perros- tenían que soportar en sus chozas. Se llega a sentir el hambre que estas mismas familias estaban obligadas a soportar y las moscas que acudían a la cara de los hijos famélicos de estos yanquis de segunda. Todo esto en el que ya entonces era el imperio del mundo.

El libro no es ni más ni menos que un canto a la dignidad, a reclamar la dignidad que todos esos hombres rebajados al nivel de los animales perdieron hacinados en sucios y míseros asentamientos clandestinos controlados por siniestros caciques de la mazorca. Una dignidad que comenzaron a recuperar gracias a un programa de ayudas del propio gobierno con iniciativas como la creación de campos de trabajo en los que los campesinos podían salir de esa repugnante situación y volver a ser ciudadanos.

El libro de Steinbeck con impresionantes fotografías de Dorothea Lange es un ejemplo de Periodismo, de impecable labor periodística. Un libro necesario que llega a sonar a canciones de buen folk americano.

Miau

 

El gato maúlla, el perro ladra y Antonio Luque ronronea.

Sr. Chinarro publica nuevo disco con título que le viene al pelo a su cantante: Ronroneando. La voz de Antonio Luque es lo más parecido al ronroneo de un felino. Y eso no es malo. El sevillano tiene una de las voces más personales que se pueden escuchar, pero eso no es lo mejor: sus letras son pura poesía:

“Una vieja amiga dijo
qué pasaba en el Pan Bimbo,
que los extremos se atraían
cuando daba ya lo mismo”

Nada más que añadir…bueno, sí:

Señor Chinarro, “Del montón”

¿Qué haría Enjuto Mojamuto?

La tecnología no siempre es una buena aliada: a veces puede dar por el culo de una forma brutal.

Vivía feliz ignorando el concepto de copia de seguridad ni de backup ni nada de nada: dejemos esos temas para nuestros buenos amigos los informáticos. Hoy he dejado de vivir en mi mundo utópico en el que todo funciona como tiene que funcionar. Mi ordenador ha muerto.  En momentos como este sólo queda preguntarme: ¿Qué cojones haría el bueno de Enjuto Mojamuto en mi caso?.

Amigos, liberémonos de la lacra de la tecnología: volvamos a utilizar la mítica Hispano Olivetti y a tirar de carpeta archivadora.

Viejunos brillantes

Conseguir hacer sentir la emoción de un -gran- concierto en directo en una butaca de cine es muy jodido. Y eso lo ha conseguido el bueno de Scorsese, Martin para los amigos.

NO soy el mayor fan de los Rolling, es decir, no mataría por tomarme unas cañas con Jagger, pero ver Shine a Light ha sido toda una experiencia. Con esta ¿película? Scorsese ha desmitificado los grandes conciertos en directo, en los que sólo puedes ver a la banda de turno a través de unas macro-pantallas y no escuchar una mierda. El tipo monta un tinglado impresionante para mostrar a Jagger, Keith y compañía como jamás se habían visto: todas las miradas de complicidad entre la banda, los suspiros de cansancio, los ronchos de sudor sobaquil en la camiseta de Jagger: vamos una maravilla.

Resulta muy cool y muy cultureta decir que los Stones molaban más antes y que se han convertido en puro marketing…chorradas. Puedes que los bailoteos ambiguos de Jagger resultan algo cargantes y, por qué no bochornosos, el tio es enorme: a cualquiera le encantaría poder moverse así con 65 añazos y poder arrimar la cebolleta con Christina Aguilera: Jagger mola, pero no tanto como el bueno de Keith que es de lo mejor que le ha pasado a la música en mucho tiempo.