“Las películas hay que terminarlas, aunque sea a ciegas”

Así terminan Los Abrazos Rotos, la última de Almodóvar.

Creo que nunca una frase tan profunda escondió tanta verdad y jamás resumió tan a la perfección la filosofía de esa especie de “ente etéreo” llamado cine español. Para mi, la enjundiosa frase esconde dos significados: hay películas que se estrenan a ciegas, sin saber ni por qué ni para qué y que jamás deberían haber visto la luz y otras que, pese a todo, no las ve ni Dios y terminan ciegas para el mundo, a la espera de que La2, en un caritativo acto de servicio público, las recupere en la madrugada.

Después de tantas críticas, reseñas y recomendaciones varias, no me atrevo a criticar, en el buen sentido de la palabra -si lo tiene-, la película. Al fin y al cabo no sé si se acerca a los cánones del cine noir, ni si nuestro oscarizado orgullo patrio -secundario- hace el papel de su vida. Por otra parte, no me siento próximo al cine de Almodóvar,  ni mucho menos a sus peculiares universos.

Sin embargo, Los Abrazos Rotos tiene unos momentos increíbles -Lola Dueñas como delirante lectora de labios, Luis Homar sintiendo las imágenes en pantalla mientras desliza sus dedos sobre ella…- que transmiten el amor del bueno de Almodóvar por el cine. Al fin y al cabo, de eso come.

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~ por Jorge Barbó en abril 9, 2009.

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