El bueno, el feo y el amarillo

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En mi barrio hay muchos chinos asiáticos. No lo digo yo, lo dicen algunos de mis vecinos que, además de predecir una no tan futura “invasión amarilla”, hablan de espectaculares conspiraciones asiáticas que incluyen mafias, coches de lujo y tráfico de órganos en las trastiendas de los bazares orientales.

En el barrio de Walt Kowalski (Clint Eastwood), un genuino veterano de la guerra de Corea, también hay muchos chinos asiáticos. Éstos no ponen cañas con cacahuetes rancios, ni venden imposibles figuras de dudoso gusto. Los vecinos del viejo señor Kowalski son hmongs que intentan robarle su Gran Torino y se pasean con coches tuneados -y con un sospechoso e insoportable acento de macarra de Vallecas-. También son unos “cara pomelo” en los que encuentra el afecto desinteresado que, tras la muerte de su parienta, su tópica familia no tiene intención de prestarle.

Gran Torino no aborda el choque de culturas, ni el miedo a lo desconocido, ni el racismo ni nada de eso. Moralinas aparte, Eastwood habla de la amistad, de la auténtica amistad, esa que se encuentra en quien menos se espera, lejos de la familia y por la que se da todo. Incluso tu Ford Gran Torino.

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~ por Jorge Barbó en abril 5, 2009.

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