El hijo

Hay hijos que no merecen tener a su padre como tal. Aunque sería fácil, el de Jakob Dylan no es el caso.

El ADN tiene estas cosas. Si tu padre es Dios, a la fuerza tú tienes que ser un gran tipo. Así nos lo contaban en la catequesis y los curas no se equivocaban. Jakob tuvo la suerte de que a su progenitor le diera por procrear hace unos 39 años: aunque, claro, es de suponer que entre Bob y Sara nada tuvo que ver el Espíritu Santo.

Fanatismos a parte, Jakob Dylan merece llevar su apellido, y aún es más, merece ser hijo de quién es, aunque él no sea el Mesías, ni muchísimo menos. Ya llevaba años viviendo de la rentas de su padre con su banda, los Wallflowers y ahora, en solitario, ha conseguido que su disco, Seeing things suene muy digno. Sorprende con canciones muy cálidas y de una sencillez brutal en las que la guitarra, elegante y sobria, cobra un protagonismo incuestionable. Está claro, Jakob merece ser un Dylan.

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~ por Jorge Barbó en agosto 20, 2008.

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