El hijo -pródigo-

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Largarse es fácil. Volver es de lo más jodido: nunca encuentras un buen momento para hacerlo.

Sería injusto -mucho- afirmar que nada de lo vivido hasta hoy haya merecido la pena como para volver a coger el coche y dar una vuelta por la noche americana, pero el regreso de Hank Moody se revela como una buena excusa.

El final edulcorado a lo “y comieron perdices” de la primera temporada de Californication hacía presagiar lo peor: el comienzo de la lenta agonía del escritor frustrado más casquivano de todos los tiempos. Aunque el bueno de Hernán Casciari ya anunciara en su imprescindible blog lo contrario, la verdad es que necesitaba comprobarlo en versión cristiana -doblada-. Y esta noche ni Moody, ni su entrañable hija heavy, ni el onanista de su editor y su cocainómana esposa han defraudado. Californication es una pequeña gran joya televisiva y doy fe: nunca antes el hijo pródigo había vuelto a casa con tanta dignidad. Amen.

Nota mental: La fotografía de cabecera no revela en ningún caso el fetichismo del autor por este tipo de prendas íntimas, tan sólo se trata de la ocurrente campaña de marketing -o mercadotecnia, como gusta decir ahora a la gente de El País- con la que han promocionado la segunda temporada de Californication en Ámsterdam.

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~ por Jorge Barbó en enero 12, 2009.

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